Y la pornografía... ¿es cultura?

Si hay una temática que causa controversia entre los lectores y no consigue acercar posturas entre sus defensores y sus detractores, esa es sin duda la literatura erótica. Desde el más fino y metafórico de sus escritos, hasta el cómic para adultos de estilo porno más gráfico y burdo, no hay manera de que se pongan de acuerdo si en realidad sus autores merecen el nombre de escritores, o simplemente tendrían que ser llamados algo así como "creadores de ocio" u cualquier otra denominación que no conlleve tener algo que ver con las letras.

Realmente, para mí, cualquiera que sea capaz de poner un pensamiento por escrito, ya merece el nombre de escritor. Puede que lo de literato venga después y no con tanta facilidad, pues claramente se necesita hacerlo de manera más o menos habilidosa para empezar a ser considerado en este ámbito. Aquello que puedes llegar a escribir, y también la forma de hacerlo, te puede hacer un mejor o peor escritor, pero ya digo que personalmente me quito el sombrero, porque no me parece que plasmar una idea en palabras sea poca cosa, la verdad.

Pero puede que el debate sobre la pornografía sea otra cosa, ¿o no? Para empezar, no sólo habría que pensar en la literatura, sino en el mundo del arte en general. En cualquier rama artística existe la categoría erótica, y nadie puede escaparse de ella; de hecho, muchos han sido los artistas que han visto despegar sus carreras cuando han decidido dotar a sus obras de sensualidad. Sin embargo, si a cualquiera de esas obras artísticas se le coloca el cartel de pornográfica, directamente se convierte en algo soez, que nadie considera sea una expresión de ningún tipo de arte. Entonces, ¿la escultura erótica es una memez? ¿El cine porno es sólo para salidos y ninguno de los que contribuyen a él tiene una gota de artistas en sus venas?

De cualquier forma, y si nos centramos sólo en la literatura, es fácil ver la frontera entre el erotismo y la pornografía. Sin embargo, aunque la línea de separación sea tan clara en la teoría, en la práctica podríamos cuestionarnos si realmente es tanta la diferencia. Sí, cualquier obra literaria de tintes eróticos tiene el único mecanismo de la palabra para excitarnos, haciendo que nuestra mente haga el resto del trabajo. Pero, ¿acaso nuestra sucia mente no recrea esas palabras justo con imágenes de sexo? De hecho, justo por eso la literatura erótica ha salido hace poco de su retiro involuntario, porque nuestros prejuicios hacia la sexualidad la habían enterrado bajo otros géneros literarios, acusándola de ser provocativa y de sacar nuestros más bajos instintos. ¿Y no sería esa también una denominación para todo lo porno?


Quizá sea por todo esto esa eterna discusión sobre si el erotismo puede convertirse en arte gracias a las letras, o debe ser considerado como una lectura de bajo nivel. Creo que estamos en el mismo nivel de hipocresía que con el contenido pornográfico, con un montón de gente queriendo demonizarlo, y sin embargo consumiéndolo a escondidas y en secreto. Parece que no somos capaces de expulsar totalmente de nuestras mentes los tabúes que la sociedad impone en estos temas, pero sin embargo tampoco tenemos la fuerza de voluntad para alejarnos de aquello que nos da placer. Así pues, yo diría que sería sensato empezar a pensar de otra manera, poniendo cada cosa en su punto exacto y sin exagerar: puede que no te guste el teatro, la poesía o la novela histórica, pero ¿eso lo hace menos literatura? No lo creo, y si además la lectura de contenido erótico te evoca placer, o incluso te lo proporciona por sí misma... tienen suerte de conseguirlo a un precio tan bajo, ¿no?

Aumenta el número de lectores en toda España

Esta semana hemos conocido una noticia que a toda la industria que rodea a los libros nos ha alegrado bastante, y es que parece que el número de lectores ha crecido en todo nuestro país; esto, acompañado de que también han subido las ventas que parecían haberse estancado hace unos años, parece que da esperanza a este sector de poder remontar la crisis que nos ha golpeado tan duramente.

Pero esto no sólo es una buena noticia a nivel del sector, sino que deberíamos alegrarnos todos, a nivel nacional, y nos dediquemos a lo que nos dediquemos. ¿Que por qué digo esto? Porque la lectura, aparte de un ocio muy sano, es una cuestión cultural, y una sociedad culta seguro que evoluciona hacia una mejor convivencia y se desarrolla con los mejores valores. Esto suena a muy trillado, y hay mucha gente que no lo entiende, pero realmente es así.

Hace unos años en España, sobre medio siglo, había un gran porcentaje de población que no sabía leer. Antes de que la educación se considerara un derecho universal, había poca gente que considerara que la lectura sirviera para realmente para sobrevivir, que era mayormente lo que en el siglo pasado se intentaba, pensamiento heredado de un gran periodo de entreguerras y de una economía europea, y más española, que no acababa de arrancar. Por suerte, hoy esa consideración ya no existe, y todo el mundo es consciente de que solamente a base de educación, y por ende, de la lectura, es como realmente se puede conseguir avanzar y aspirar a una vida mejor.


Las ferias de libros empezaron a celebrarse durante el siglo XIX, pero no tuvieron gran relevancia entre la población hasta los años 80; claro está, para gente analfabeta y que trabajaba de sol a sol, comprar libros no parecía ser una prioridad. Quedaron ancladas mayormente a las ciudades universitarias, donde eran los estudiantes, coleccionistas y personas del clero los que se interesaban por ellas, y adquirían la mayor parte de las obras. En la actualidad, cualquier localidad celebra su propia feria, y aunque con mayor o menor afluencia, o con mayor o menor volumen de ventas, siempre es un acontecimiento que reúne a toda clase de personas, y se convierte en un punto de reunión ciudadana al menos por unos días.

Esperamos que la tendencia al alza de las compras de libros continúen, y que por supuesto esto signifique que aumenta el número de personas que consideran que leer un libro es una opción de entretenimiento sana, inteligente y sobre todo enriquecedora, no sólo para los que leen, sino para la sociedad en general.